Aún y cuando el presidente Banco Central de Brasil, Henrique Meirelles, haya negado que su gobierno planee establecer un impuesto a la inversión extranjera, son ya varios países que analizan la posibilidad de implantar tal impuesto. Resulta que en Brasil la mayor parte de la inversión extranjera se destina a operaciones en la bolsa e inversiones directas y no a renta fija, lo que ha resultado en una fuerte valorización de la tasa de cambio en lo que va del año, de 2.3 a 1.95 reales por dólar, lo cual pone en jaque al sector exportador.
Francia e Inglaterra son países que también están considerando implementar un impuesto al mercado de divisas. El plan francés incluiría imponer un impuesto del 0.005% sobre las utilidades de las transacciones de divisas para causas de beneficiencia (una finalidad distinta a la del gobierno brasileño).
Este impuesto no significaría el fin para el mercado de divisas, más bien ayudaría a minimizar la especulación en el corto plazo (con el impuesto en las transacciones) y promoverá la estabilidad en el largo plazo (proveerá a los bancos de fundos que podrán utilizar cuando se suciten (ataques especulativos”).